sábado, 27 de noviembre de 2010

Diez segundos en un semáfo


Llueve, llueve y llueve. El viento golpea las copas de los árboles sumiéndolos en su danza siseante. Las nubes ceniza lo cubren todo sin diferenciar sus formas mas que por los matices de gris. La luz del día hace imposible diferenciar si es por la mañana o por la tarde. En medio de este espectáculo visual aparecen las hojas ocre esparcidas por la carretera , amontonadas en el arcén por el viento y el paso de los coches. No hay pájaros, ni personas por las aceras, sólo coches.


Suena un claxon, me sobresalto. Meto segunda por inercia, las ruedas patinan.

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