En el tiempo en que estudié en Granada entre en contacto con algunas personas vinculadas a Payasos sin Fronteras, siempre contagiaban una sonrisa, incluso cuando tomábamos un té, unas cervezas o simplenmente paseábamos por el Albaizin camino de Plaza Larga o el Mirador de San Nicolás. Que consigan levantar sonrisas en campamentos de refugiados o en hospitales de guerra es algo más que divertir en el infierno, es dar humanidad donde está dejando de haberla.
Los inimitables Faemino y Cansado (con ellos rompieron el molde) me han hecho reir en más de una situación en la que no me he encontrado muy pa'llá. Sirva esta muestra reciente
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